Un día sin recreo
En el colegio no era un niño muy tranquilo, todo lo contrario era el más travieso de mi clase. La profesora ya no me toleraba más, por más castigos que me ponía yo seguía en lo mismo. Mi madre me llamaba la atención, pero luego se le pasaba, era hijo único y mis padres me consentían demasiado. Muchas veces fui brusco mis compañeros, una vez casi le rompí el labio a un niño, estábamos jugando a los luchadores y se me paso la mano. Ese fue la gota que rebasó el vaso, mi profesora me castigó dejándome sin recreo.
Lo que más me gustaba del colegio era el recreo, jugar y correr con mis amigos era lo mejor. Las clases me aburrían, más si las dictaba miss Martha, ella era una mujer muy apática, los niños no la querían y es que ella tampoco se hacía querer. Era viuda, todos lo sabíamos o intuíamos, porque siempre vestía de negro, nunca se maquillaba. Parecía que la falta de su esposo, le afectaba bastante. A pesar que ya habían pasado más de diez años, mi madre me contó que su esposo murió en un accidente de tránsito. Además me dijo que cuando él vivía, miss Martha era totalmente diferente, siempre estaba alegre y riendo. Ellos se amaban mucho. Yo podía entender que lo extrañará, pero su forma de ser en ese momento no me gustaba, verla me hacía poner triste, su rostro reflejaba tristeza. Creo que por eso, le hice la vida imposible, aceptó que muchas veces exageré, pero esa era mi manera de hacerla reaccionar.
Así el día de la pelea con mi amiguito, por fin pude ver en ella una reacción. Aunque fue del todo mala para mí, la miss dejó salir parte de su temperamento. Ese día mientras estaba en el salón, veía a mis amiguitos por la ventana como jugaban al fútbol o a los encantados. Allí pude comprobar que mi miss era una persona de buen corazón. Ver como jugaban los demás niños me aburrió, entonces comencé a conversar con mi profesora. Su semblante era otro, ella estaba leyendo un libro antes de conversar conmigo. Le pregunte de qué trataba el libro, ella me respondió que era de poesía, un regalo de su esposo. De ahí que lo leyera con tanta emoción. Estuvimos hablando un buen rato de su esposo, en ese lapso conocí a la otra miss Martha, la persona agradable que todos recordaban. Al terminar el recreo, quedamos en seguir la conversación al día siguiente. Esa conversación, se convirtió en el pretexto para quedarme en el salón todos los recreos. Platicar con mi maestra era divertido, no como las clases que dictaba.
El día de mi cumpleaños la invité a mi casa, nos habíamos hecho amigos, por eso quería que compartiera ese día importante conmigo. Creo que las conversaciones nos ayudaron a ambos, yo dejé de ser tan travieso y ella comenzó a volver a su carácter de antes. Las clases se tornaron más amenas y los demás niños empezaron a querer a miss Martha.