Temas que nunca se tocan en la educación: Conexiones de inteligencia
El pasado y el presente muchas veces están interconectados. Unidos por un vínculo que ni el tiempo puede deshacer. Finales de la década del 60. El mundo sobrevivía en medio de hippies. La Guerra Fría aún estaba latente. Una línea invisible mantenía en vilo al mundo. Otra penetraba en miles de subconscientes a lo largo de las principales urbes del planeta. El nexo, la heroína. Miles de millones de dólares estaban en juego. La causa, sostener la guerra de Vietnam. Seguir costeándola resultaba imposible. Eso si se hacía legalmente. Pero no fue así. La idea de ilegalidad tomó vida y se materializó en una sola palabra. CIA. Era rentable. Demasiado podría decirse. Las ganancias servían para comprar el armamento necesario para continuar con la guerra. El presupuesto destinado por el Congreso no cubría el gasto total. La situación se complicaba. Entonces se lleva a cabo una estrategia que podía solucionar el problema. Aún cuando fuera riesgosa. Agentes asiáticos de la CIA empezaron a traficar heroína avalados por el Nugan-Hand Bank de Australia. Toda la heroína producida en el Triangulo Dorado del sudeste asiático se convertía en el dinero que después sería “blanqueado” por este banco. Años después, todo encajaba a la perfección. El auge que la heroína había tenido en los Estados Unidos en la década del 70, así como su consolidación en las siguientes décadas se debía a este suceso.
Si eso fue a finales de los 60’s y comienzos de los 70’s, lo que vendría años después sería el fiel reflejo de esa época. Nada cambió. Las drogas seguían siendo un factor clave en los servicios de inteligencia. Y la heroína nuevamente tenía mucho que ver en esta historia. Vagos recuerdos son los que se tienen de ésta. Mediados de los 80’s. El conflicto afgano-soviético se intensificaba cada vez más. Pero el tráfico no lo sentía. Seguía con el mismo ritmo. Los nexos entre la droga y los mujahídines islámicos afganos eran evidentes. Aún después de la retirada de los soviéticos, el país seguía bajo el dominio de la droga. Un ejemplo de esto, Gulbuddin Hekmatyar. Para muchos era el principal traficante de heroína a nivel mundial. Odiado en Kabul por la labor que ejerció en el gobierno post-soviético, sumió al país en una guerra civil marcada por la destrucción y la violencia. Años después, Afganistán se volvió una nación de narcotraficantes.
Si en territorio afgano sucedía eso, al otro lado de la frontera también. La ecuación se repetía. Tráfico de heroína igual dinero. Dinero igual armamento. El trío compuesto por la inteligencia paquistaní (ISI), la CIA y el Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI) se encargó de que esto fuera posible. La red de influencia de este último en esa década era muy poderosa. De su labor dependía la aprobación de la ayuda para Pakistán en el Congreso estadounidense. De otro lado, las operaciones encubiertas seguían viento en popa mientras el conflicto afgano-soviético seguía su curso. Antes de este, la producción de opio en Afganistán y Pakistán tan solo estaba circunscrita a pequeños mercados regionales. No existía una producción en masa de heroína. Sin embargo, estudios actuales han develado que durante los años en que la CIA participó en este conflicto, la producción se elevó hasta niveles inimaginables. Las territorios fronterizos entre Afganistán y Pakistán pasaron a ser el principal bastión de heroína a nivel mundial. De sus cultivos se proveía el 60% de la demanda estadounidense.
Otro dato que sirve para entender esta alza es la situación que se vivió en Pakistán. La cantidad de adictos a la heroína se incrementó dramáticamente en tan solo seis años. De casi cero por ciento que había en 1979, se alcanzó la cifra de un millón doscientos mil en 1985. En Afganistán se les ordenaba a los campesinos locales a plantar opio como una especie de impuesto revolucionario, mientras que en Pakistán se habían puesto en marcha cientos de laboratorios de heroína. Durante el tiempo que duró el conflicto, la DEA no logró arrestos ni detenciones importantes en el combate contra las drogas. Las autoridades estadounidenses se negaron a investigar la participación de sus aliados afganos en el negocio de la heroína. Se sacrificó el control sobre las drogas para centrar su total atención en como poder derrotar a los soviéticos. El comercio de heroína se incrementó pero ellos lograron lo que buscaban. El objetivo principal se había llevado a cabo, los soviéticos dejaron Afganistán.
El negocio era rentable, pero a veces conllevaba a tomar riesgos. Riesgos que podían involucrar a otros y que dejaban carta libre para la impunidad. Aún cuando Al Qaeda a principios de los 90’s era financiada en un 95% con dinero de la droga, el gobierno estadounidense prefería obviar el tema. Si se involucraba, tenía mucho que perder. El tráfico de heroína involucraba de manera muy profunda a varios de sus aliados en la zona. Turquía, Pakistán y Afganistán estaban en la mira. La ruta seguida para abastecer al mercado mundial los implicaba. El opio de Afganistán era el primer paso. Produce casi las tres cuartas partes de la resina de opio en todo el mundo. Turquía cumplía el segundo al procesarlo. Finalmente, los albanos completaban el itinerario al esparcirlo a Estados Unidos y Europa. Todo encajaba a la perfección. Aún cuando en un principio resultaba inverosímil para muchos el aceptarlo. El flujo de heroína afgana hacia Occidente a través de Turquía era un realidad. Su artífice, nuevamente la CIA.