Educando para pertenecer a grupos
En un libro leí que desde que nacemos somos participes de organizaciones. Y es verdad, nacemos en un hospital o clínica donde unas cuantas personas rodean tu instante, ese en el que vienes al mundo, para palmotearte, escuchar los primeros halagos y alejarte de tu madre. Luego de superar el trauma de respirar, ingresamos al respectivo núcleo vital de la sociedad, con toda la pompa asignada de ser presentado en “society” besos y abrazos en exceso, así se conoce a la familia. Después de ser el nuevo bebé, se puede ir al jardín a compartir experiencias y lúdicos momentos; luego nos espera la educación básica, elemental para establecer los primeros lazos amicales y ordenar un tanto las ideas que se revuelven desordenadamente en esa educación secundaria accidental, debido a los inesperados sucesos vergonzosos y de descubrimiento que por lo general acontecen.
Además, conjugamos la vida participando en diferentes organizaciones que completan nuestra existencia de muchas formas, por ejemplo algunos asisten a la iglesia a compartir sus experiencias con el padre, a salmodiar gregorianamente todas las mañanas y a desprenderse lo más posible de este mundo terrenal, aunque luego el pecado los inunde como a todos, no hay diferencias para el espíritu de ese ángel perdido, lo interesante es la fuerza de resistencia que algunos, no me incluyo, con la gracia de “algo” supranatural logran ser felices a su manera. Otros, me incluyo nos dejamos llevar por esos senderos del sino, escribiendo miles de vidas sin doctrinas carceleras que sacrifican materia por espíritu También existen demás clubes, fraternidades, asociaciones, entre otras, que reúnen gente afín que se encamina a objetivos comunes: músicos, poetas, escritores, abogados, ingenieros, periodistas, doctores solo de cirugía, solo de pediatría, solo de ginecología…..pareciera que hasta nos hiper especializamos en la formación de los grupos. El desarrollo teórico de las organizaciones desde la época clásica pasando por Taylor, Fayol hasta los últimos enfoques de cambio, calidad y responsabilidad social, no han sido ajenas a la evolución social. Comenzamos a especializamos en grupos minúsculos, tal como en las épocas fabriles: la sección solo de gente que incrusta el hilo en la aguja (no importa nada más que esos ojos maravillosos y poderosos, y mejor si eran discapacitados, mujeres o niños se pagaba menos). La palabra clave es eficacia, antes que eficiencia. Ahora está el grupo de niños con síndrome de down, solo ellos y su mundo, con escuela especial, olimpiadas especiales, amigos especiales y todo tan especial para que se sientan más especiales, para que estén mejor, la pregunta es que se sientan mejor ¿quiénes? ¿Ellos o nosotros? La unión hace la fuera, pero también creo que nos unimos tanto por miedo, porque la diferencia nos asusta, por ello creamos submundos porque preferimos reconocernos en el otro, vernos en ojos del mismo color que los nuestros y que miran lo mismo que nosotros. Homogeneidad, la innata cualidad occidental: tapar el sol con un dedo. Y renegar de lo que no entendemos, creyendo que somos la única forma de vida en este planeta, y que los extraterrestres tienen que ser verdes con cabezas inmensas, y feos, porque nada puede ser tan bello como nosotros. Egocentrismo, que nos conduce a destruir millones de formas de vida que nos dieron vida hace millones de años. Abandonemos esos esquemas mentales y abrámonos a esas teorías del cambio, progreso y desarrollo social,