Cuando la Educación no tiene que ser igual para todos
En los países de América del Sur los niveles de pobreza son bastante altos y los de educación anuncian fríamente que el nivel de analfabetismo y abandono escolar es alto. Si bien países desarrollados y organizaciones internacionales han venido trabajando en conjunto con los gobiernos para reducir estas cifras, la experiencia ha servido también para conocer distintas realidades. La experiencia ha demostrado que intentar aplicar un mismo plan educativo que ya a sido probado y anotado como efectivo en otro país, no asegura una segunda efectividad en el nuevo objetivo, esto porque las circunstancias y los contextos son distintos, porque los profesores y los estudiantes no poseen los mismos pensamientos ni costumbres. Educar a todos por igual con una educación que se caracterice como masiva puede resultar un error tan grave como el de desistir con la educación misma.
Hace un tiempo tuve la experiencia de viajar a diversas provincias del Perú, específicamente en el departamento de Junín, que esta localizado a unas siete u ocho horas de Lima, la capital. Mi visita fue a la preciosa ciudad de Huancayo, capital de dicho departamento, pero tuve la oportunidad de trasladarme a pueblos más pequeños y con menos acceso a las comunicaciones y a los beneficios de una ciudad. En mi recorrido por escuelas y municipios de estos pueblitos me di cuenta de lo ineficaz que podía ser un plan educativo cuando se intenta plantearlo indiscriminadamente. Por ejemplo, en una de las escuelas, los niños de menor grado aprendían las letras del alfabeto, como extradición, la maestra elaboraba una palabra que iniciara con la letra correspondiente al estudio, si era la letra E la maestra decía, E de elefante, si era la A, A de avión y así sucesivamente. La maestra no imaginaba las palabras en un acto de improvisación, seguía acorde a como estipulaba el libro guía que ella y los niños extendían sobre su carpeta. Lo curioso resultó cuando la profesora llegó a la letra M, entonces dijo: M de mar, y los niños antes que repetir en coro lo que la profesora les había dicho, se quedaron absortos, mudos. Solo uno de ellos atinó a levantar la mano como pidiendo permiso para hablar, el niño no esperó al permiso de la maestra y sin pensarlo hizo suya la atención de todos al proclamar su interrogante: profesora, ¿qué es mar?, y la profesora utilizó el resto de su clase en resolver esa pregunta y todas las que se fueron generando en la interminable imaginación de los niños respecto a la insustancial explicaron de lo que es el mar.
Es imposible querer enseñar a un niño con herramientas que no pertenecen a su realidad, es imposible querer hacer masivo un proyecto educativo que solo es ideal para determinado lugar, porque lo que se logra es imposibilitar al educaron, hacerla lenta e incluso incompetente. La situación que viví no es simplemente una anécdota, es una muestra de lo mal que muchos gobiernos están actuando frente al problema de la educación, es una pequeña ilustración de lo que se esta haciendo equívocamente en muchos lugares alejados que, por su pobreza o por su falta de posibilidades, no es tomada en cuenta para desarrollar un plan educativo al nivel de sus necesidades y de su contexto.